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Leyendo: Tomás Erazo Peña: noventa años de ética y disciplina revolucionaria
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1954 > Memoria histórica > Tomás Erazo Peña: noventa años de ética y disciplina revolucionaria
Memoria histórica

Tomás Erazo Peña: noventa años de ética y disciplina revolucionaria

asiscastellanos
Última actualización: 5 junio, 2026 10:40 pm
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asiscastellanos
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11 minutos de lectura

Conocer a Tomás Erazo Peña es encontrarse con un maestro en el sentido más profundo de la palabra. Fue él quien, en 2006, en la sede sindical del STIBYS, me impartió mi primera charla sobre lucha de clases y teoría marxista. Desde entonces, me resulta imposible interpretar la realidad de Honduras y su lugar en el mundo capitalista sin recurrir a las reflexiones de la praxis revolucionaria que él supo sembrar en mí. Don Tomás no es maestro de una sola generación: lo es de muchas, y sin duda alguna, de toda la izquierda sampedrana.

Nació el 4 de junio de 1937 en San Pedro Sula. Su madre, Octavia Peña Acosta (1917-2019) y su padre Marcial Erazo Vásquez (1907-1996), habían emigrado desde Ocotepeque, occidente de Honduras, hacia la Costa Norte en busca de mejores empleos y condiciones de vida. Su padre, además, era un reconocido cachureco, “coronel de cerro”, forjado en las guerras civiles de principios del siglo XX. De sus siete hijos (cinco mujeres y dos varones), don Tomás fue el mayor, heredó de su padre el oficio de la herrería. Mientras su familia paterna emigró a El Salvador —a excepción de su padre—, la familia materna se estableció en la Costa Norte. Su nombre le fue dado en honor a su abuelo paterno, Tomás Erazo Valle; su abuela fue Dominga Acosta, de origen maya chortí.

A los siete años, don Tomás fue testigo directo —a pocas cuadras de distancia— de la masacre del 6 de julio de 1944 en San Pedro Sula, ordenada por el presidente servil y mandadero de las transnacionales bananeras, Tiburcio Carías Andino (1876–1969). Años después, logró recuperar un documento semidestruido en el que aparecían 31 nombres de las 42 personas asesinadas[1]. En 1994, ese listado fue publicado en un periódico de circulación nacional.

Cursó la primaria en la Escuela Ramón Rosa, una de las más antiguas de San Pedro Sula, y la secundaria en el Instituto José Trinidad Reyes, donde se graduó como Perito Mercantil y Contador Público. En su infancia desarrolló una tremenda afición por la ciencia, la astronomía y la electrónica. Obtuvo luego una beca para estudiar entre 1957 y 1959 en la Ciudad de México, en el Centro Internacional de Adiestramiento de Aviación Civil (CIAAC), donde se graduó como Técnico en Electrónica aplicado a la aeronáutica. En 1959 contrajo matrimonio con doña Amelia Castellanos Mayorga, originaria del Estado de Hidalgo (México), con quien tuvo cuatro hijos: Carlos Federico, Marcial, Tomás Cuauhtémoc y Sonia Noemí.

En México, don Tomás se sumergió en la efervescencia política, intelectual y cultural de la época. Allí conoció al reconocido sindicalista y filósofo socialista Vicente Lombardo Toledano (1894-1968), entró en contacto con movimientos y organizaciones revolucionarias y conoció las ideas marxistas. Participó en encuentros con los revolucionarios del Moncada —conoció a Raúl, al Che y a Fidel— mientras estudiaba como becado, testimonio temprano de su profunda vocación revolucionaria.

De regreso a Honduras, participó en la fundación del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Bebida y Similares (STIBYS) y en el intento de fundar un sindicato en Aeronáutica Civil, donde fue contratado como técnico y, por esa misma razón, despedido. Décadas después, fue parte del círculo de militantes comunistas clave para que el 25 de abril de 1981 se fundara la Federación Unitaria de Trabajadores de Honduras (FUTH), organización obrera de orientación de izquierda[2].

Su militancia política se desplegó con entrega absoluta desde la “segunda fundación” del Partido Comunista de Honduras (PCH) y en el seno del movimiento popular en general. A partir de su ingreso en el PCH, en la década de 1960, don Tomás ha sido militante y dirigente excepcional: encarna la renuncia absoluta a cualquier ventaja individualista, un comunista abnegado que lo ha sacrificado todo ante el horizonte del cambio revolucionario de las estructuras capitalistas.

Se ha dicho que:

“La publicación de la prensa revolucionaria en Honduras significó siempre un alto riesgo para sus editores que a veces realizaban, casi en las barbas de la policía, recurriendo a mil trucos, su organización, edición y distribución. Eran hombres y mujeres abnegados. Entre ellos es obligado recordar a Tomás Erazo, Herminio Deras, Calixto C. Ferrufino, Joaquín Pagán Solórzano, Laureano Carvajal, Dionisio Ramos, Longino Becerra y tantos otros que hicieron un verdadero apostolado del periodismo popular y revolucionario, que arriesgaban sus vidas y sacrificaban su descanso, imbuidos en una mística revolucionaria para que el partido [Comunista de Honduras] tuviera su propia voz. Ellos mismos se encargaban [de] que no hiciera falta el papel, los esténciles, la tinta, los mimeógrafos o las pequeñas imprentas clandestinas para asegurar que nuestro pensamiento estuviera en las calles y que no fuera confiscado por la policía represiva.”[3]

Además de escribir para los periódicos revolucionarios, editados por el PCH entre la década de 1970 y principios del 80, Vanguardia Revolucionaria y Patria, en San Pedro Sula, don Tomás junto con Herminio Deras García (1941-1983), impulsaron la publicación y circulación de decenas de periódicos del movimiento sindical clasista que ellos contribuyeron a organizar y formar políticamente. Bajo este apostolado del periodismo popular y revolucionario, juntos difundieron, entre otros, El Militante y Voz Popular; este fue el último periódico que organizaron antes del vil asesinato en 1983 de Herminio Deras García por el órgano de represión del Estado hondureño, Batallón 3-16.

A lo largo de su trayectoria, ha participado en cientos de instancias nacionales e internacionales en América Latina y el Caribe, Europa y la antigua URSS. Pero su relación más profunda, sin duda, ha sido con México.

En Honduras, fundó escuelas de formación y espacios de difusión de las ideas marxistas aplicadas a la realidad nacional. Después de la durísima y sangrienta década de 1980, cofundó en 1992 el partido Unificación Democrática (UD); y en 1997 fundó el colectivo político Renacimiento. En una década de casi total desintegración del movimiento revolucionario, obrero, campesino y popular, demostró que la terquedad, la disciplina y la entrega son los valores fundantes de un verdadero revolucionario. Desde entonces, don Tomás se ha dedicado a desarrollar y difundir, en cientos de ediciones del periódico Renacimiento y a través de innumerables charlas, sus ideas económicas, políticas y culturales sobre su tesis de construcción de poder popular como el quehacer revolucionario de nuestra época. Esto lo ha convertido, probablemente, en el teórico del poder popular más avanzado con que contamos en nuestras filas.  

A lo largo de su vida ha combinado la militancia con la labor político-intelectual, y ha gozado del respeto de reconocidos historiadores y escritores como Ramón Oquelí. En 2005 publicó una compilación de documentos inéditos sobre la Gran Huelga de 1954 —Alzamiento popular de 1954 y el PCH—, fruto de una intensa investigación de archivo realizada en 1992 en México, en el Instituto de Estudios Políticos y Filosóficos Vicente Lombardo Toledano y en la Universidad Obrera de México, donde tuvo acceso a cientos de documentos del período 1900-1968. En otra investigación histórica, rescató valiosos documentos inéditos de Alfonso Guillén Zelaya (1887-1947), de cuyos documentos ha publicado una parte.

Don Tomás ha planteado la necesidad de estudiar los aspectos ideológicos, políticos, organizativos y las manifestaciones culturales del movimiento obrero y popular hondureño, tanto en su historia como en la situación actual. Además, ha propuesto la creación de lo que en su momento llamó Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Popular de Honduras, CEMOPH.  

No ha aceptado prebendas estatales, excepto aquellas propias del fruto de la lucha y conquistas de la clase obrera para la vejez. A sus 90 años, continúa reflexionando y difundiendo su pensamiento político, porque es un convencido de que las ideas deben ser discutidas abiertamente. Por ello, condena la represión y el miedo. Para él, la militancia marxista y socialista, debe ser abierta en sus ideas, y nos invita a reflexionar que las ideas de Mao Zedong la sigue una nación entera, que representa más del doble de la población de América Latina y el Caribe.

Hoy, a sus 90 años, Tomás Erazo Peña sigue siendo un cultivador infatigable de ideas comunistas, antiimperialistas y anticapitalistas. Es, en cada palabra y en cada acto, un verdadero maestro y formador de generaciones. Su ética y su disciplina revolucionaria son un ejemplo vivo que nos interpela a los que hemos tenido la fortuna de aprender a su lado.


[1] No existe un consenso sobre la cantidad de personas asesinadas en la masacre del 6 de julio de 1944 de San Pedro Sula. 

[2] Antes de la FUTH, el PCH estimuló la organización de dos federaciones de efímera duración: la Federación Sindical del Centro, fundada en febrero de 1958, y la Federación Democrático de Trabajadores Hondureños (Fedemsintrah), fundada en marzo de 1963.

[3] Rigoberto Padilla Rush, Memorias de un Comunista. comp. Marvin Barahona (CEHPRODEC / Editorial Guaymuras, 1994), 143.

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