Resistencia, victoria y Revolución
María, Karla y José. Se levantaron temprano aquella mañana, cada uno en su casa. Hicieron café, se bañaron, se vistieron y se prepararon para una jornada política que se presentaba alegre, aunque tensa. Pero un mensajito SMS les trajo una noticia desconcertante que los medios corporativos callaban: los militares se habían tomado la casa presidencial y la ciudad estaba bloqueada. Era un golpe de Estado.
El 28 de junio de 2009, María, Karla y José salieron caminando rumbo a la casa presidencial. Algunos ya formaban parte del movimiento popular y habían recibido la convocatoria, otra fue por intuición, por esa corazonada que nace cuando algo no está bien. Pero todos fueron por la misma razón: había que defender la democracia y un proceso encabezado por el presidente Zelaya que les daba una esperanza de transformación social a través de la Asamblea Nacional Constituyente.
Al llegar, se encontraron con miles. Era algo sorprendente: En Honduras algo estaba naciendo.
El Frente Nacional de Resistencia Popular o FNRP, se fundó el mismo día del golpe de Estado, -aunque con otro nombre al inicio-, conformado principalmente por organizaciones populares que tenían muchos años de lucha. Eran la expresión del pueblo hambreado, marginado y desposeído por la oligarquía y su modelo neoliberal.
Organizaciones obreras, campesinas, de mujeres, jóvenes y muchas otras, se habían articulado en el Bloque Popular, la Coordinadora de Organizaciones Populares de Aguán, El Patronato Nacional de Occidente, el Movimiento Ambientalista de Olancho, el COPINH, la Asamblea Popular del Progreso, entre otras. Ellas, a su vez, integraban La Coordinadora, expresión nacional de la izquierda que había surgido como máximo órgano de encuentro y que, en ese momento, era una de las fuerzas motrices del proyecto de Constituyente.
Estas organizaciones fueron la base ideológica y material del Frente Nacional de Resistencia Popular. Fue en sus sedes donde nos reunimos y nos resguardamos, fueron sus militantes – hombre y mujeres- la columna vertebral de los colectivos, fueron sus recursos y logística la que permitió hacer frente a meses de lucha continua e intensa bajo la represión de Michelleti y Romeo Vásquez y -lo más importante-, fue su mensaje revolucionario, ganado en jornadas de formación política y a la par de las necesidades de las clases explotadas y marginadas, las que dieron sustento ideológico y proyecto de futuro.
El FNRP fue síntesis de fuerzas existentes, pero también marcó algo novedoso para honduras: la integración sólida de fuerzas políticas y sociales con capacidad de resistir la represión, la coerción y la cooptación; estrategias comunes con que las derecha latinoamericanas destrozan proyectos de cambio.
A las jornadas contra el Golpe de Estado le siguieron las asambleas, la formalización de estructuras, la construcción de mecanismos de elección de voceros y representantes, la elaboración de documentos y la reflexión y debate intensos sobre la forma adecuada de lucha para nuestros tiempos y nuestras posibilidades.
Todo ello hizo germinar las opciones políticas que, junto con otras fuerzas progresistas o antidictatoriales, y después de 12 años de sacrificios, accedieron al poder con la presidenta Xiomara Castro.
Maria o Karla o José, y muchos miles más, marchamos ciento ochenta días seguidos por todo el país, después de ser colaboradores nos convirtimos en militantes de una causa. Unos en la calle, otras en los barrios, unos encima de un carro parlante, otras en centros de estudio; unos gritando y otras escribiendo; dmos forma a la voluntad de liberación del pueblo pobre. Dimos forma a La Resistencia.
Los oligarcas -nuestros enemigos- no nos entienden. Se preguntan por qué esta masa de izquierdistas, aún siendo gobierno, persisten en querer cambiar un sistema social y político, en ser antiimperialistas y en acompañar los intereses de las clases sociales explotadas.
Nos envían a sus voceros, sus presentadores de noticias, sus ONGs, sus alianzas internacionales anticomunistas, sus abogados corporativos, sus diputados tarifados, sus cardenales al servicio del capital.
¿Acaso piensan los millonarios que con esta pacotilla de mercenarios pueden detener la historia?
Ya son casi 16 años y no paramos. Hemos logrado muchos triunfos, pero es verdad que tenemos frente a nosotros una serie de grandes tareas para refundar Honduras. Una de ellas es rearticular y fortalecer un movimiento popular y potenciar la formación política e ideológica. Tenemos que aceptar que dejar de lado el FNRP fue un error histórico que dejó un vacío que, en un futuro cercano, debe ser llenado con nuevas y creativas formas de organización popular que se complementen, sin subordinarse, con la política electoral.
No obstante estos retos, seguimos hacia adelante y la moral está alta. Este año debemos garantizar la continuidad del proyecto del socialismo democrático y la unidad de los sectores populares es impredecible. La tarea es grande pero donde haya ganas de transformar la patria – de salvarla- habrá victorias.
Como dijera el editorial del periódico Resistencia, órgano oficial de FNRP, a 100 días de lucha en 2009:
“Los descalzos, los mal vestidos, los mal comidos se juntaron y son un gigante, tiemblan los opresores y sus sicarios. Se asombran los pueblos hermanos.
Asoma un nuevo día,
Honduras ha despertado.”
