Las comunas son una de sus principales reservas políticas y organizativas del chavismo. En ellas puede encontrarse una de las claves para comprender cómo la Revolución Bolivariana ha conseguido resistir y por qué su futuro dependerá, en gran medida, de la capacidad del pueblo organizado para ejercer efectivamente el poder.
La desinformación promovida por la derecha internacional hace cada vez más difícil observar la realidad venezolana a través de la espesa capa de mentiras, interpretaciones interesadas y silencios que rodea a ese país.
Venezuela atraviesa una situación política extraordinariamente compleja desde la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026, en la que fueron capturados Nicolás Maduro y Cilia Flores y trasladados a Estados Unidos, en el que se asesinaron más de 80 personas de la guardia, entre ellos 32 cubanos. El Gobierno venezolano y el propio Maduro han calificado esa operación como un secuestro y una violación de la soberanía nacional.
Sin embargo, contrario a los pronósticos que anunciaban el derrumbe inmediato del chavismo, la Revolución Bolivariana continúa desarrollando sus procesos políticos y organizativos. Sus principales cuadros históricos, las estructuras partidarias y buena parte de las organizaciones sociales se mantienen cohesionados. Hasta ahora, no se observan fracturas públicas capaces de provocar la desintegración del bloque que coordina el PSUV.
La dirigencia chavista ha optado por un camino disciplinado: preservar la unidad, mantener el funcionamiento del Estado y fortalecer las organizaciones populares. En ese contexto debe analizarse la segunda Consulta Popular Nacional de 2026, que se realizará el próximo 18 de octubre en todo el territorio venezolano.
Una consulta construida desde las comunidades
El 18 de octubre, las comunidades venezolanas elegirán directamente los proyectos prioritarios para sus territorios.
El proceso se inicia en las asambleas de ciudadanos y ciudadanas de cada consejo comunal, donde se identifican necesidades y se presentan propuestas. Posteriormente, las comunas seleccionan siete proyectos relacionados con las Siete Transformaciones del Plan de la Patria.
Más de 37 mil iniciativas fueron postuladas en 5,418 comunas y circuitos comunales. Estas abarcan servicios públicos, infraestructura, producción, salud, educación, cultura y recuperación de espacios comunitarios.
Fundacomunal acompaña técnica y organizativamente el proceso, junto con el Ministerio de Comunas y el Consejo Nacional Electoral. Aunque cuenta con el respaldo político del chavismo, la consulta se desarrolla mediante las organizaciones del Poder Popular y las instituciones del Estado.
Las comunas como estructura estratégica
La importancia política de esta consulta va más allá de la selección de pequeñas obras locales. Las comunas constituyen una de las apuestas estratégicas más importantes del proyecto bolivariano: trasladar capacidades de planificación, decisión y administración de recursos hacia las comunidades organizadas.
Mientras buena parte de la democracia liberal reduce la participación popular al acto de votar periódicamente por candidatos, el modelo comunal venezolano intenta construir mecanismos permanentes de deliberación y decisión territorial. Puede cuestionarse su alcance, funcionamiento o relación con el Estado, pero no puede negarse la existencia de miles de comunidades organizadas que discuten necesidades concretas y proponen soluciones desde sus propios territorios.
La consulta del 18 de octubre representa, por eso, una demostración de continuidad política. A pesar de la captura de Maduro y Flores, las amenazas militares, las sanciones económicas y la presión estadounidense, el chavismo no ha renunciado públicamente a su programa de organización comunal.
También sería equivocado caer en un optimismo ingenuo. Es difícil conocer todos los detalles de la relación que el actual Gobierno venezolano mantiene con la administración de Donald Trump. Existen negociaciones, presiones y decisiones cuyo contenido no ha sido explicado plenamente. Ante una amenaza militar directa y una correlación de fuerzas extremadamente desfavorable, es evidente que se han realizado concesiones dolorosas.
Pero reconocer esas concesiones no significa afirmar que Estados Unidos controla completamente el país o que la Revolución Bolivariana ha desaparecido. Las principales instituciones continúan funcionando y las organizaciones populares chavistas conservan una presencia territorial que no puede ser sustituida mediante una operación militar o una campaña mediática.
Ni optimismo ingenuo ni derrota anticipada
El optimismo infundado y el pesimismo paralizante son igualmente dañinos. El primero impide reconocer las dificultades y contradicciones reales; el segundo conduce a declarar derrotado un proceso que todavía conserva capacidad política, organización social y control institucional.
La experiencia venezolana también deja una lección amarga para la izquierda internacional. Cuando Venezuela disponía de mayores recursos y organizaba encuentros mundiales, innumerables delegaciones se presentaban como amigas incondicionales de la Revolución Bolivariana. Sin embargo, cuando llegó la hora más difícil, muchos de aquellos visitantes guardaron silencio o le dieron la espalda.
El 18 de octubre, miles de comunidades venezolanas volverán a reunirse para decidir qué proyectos necesitan sus territorios. Más allá de las narrativas construidas desde Washington y reproducidas por los grandes medios, ese proceso evidencia que una parte fundamental de la Revolución Bolivariana permanece viva, con sus propias dinámicas y contradicciones internas.
Las comunas son una de sus principales reservas políticas y organizativas del chavismo. En ellas puede encontrarse una de las claves para comprender cómo la Revolución Bolivariana ha conseguido resistir y por qué su futuro dependerá, en gran medida, de la capacidad del pueblo organizado para ejercer efectivamente el poder.